Cada día, ella se asomaba por esa ventana. A través de ese vidrio, se le abría un mundo de sensaciones nuevas.
Un día se descubrieron mirando en la misma dirección.
Él siempre que podía pasaba por la puerta de su casa sólo para alzar la vista hacia ese lugar, esperando verla, tener noticias suyas.
A veces la observaba con la vista perdida en vaya a saber dónde...
En otras ocasiones la encontraba con una sonrisa que le iluminaba la cara...
Alguna noche le pareció percibir las lágrimas que rodaban por sus mejillas...
Y en muy contadas ocasiones, sus miradas se cruzaban y creía tocarle las manos.

¿Por qué le ocurría eso si su vida era todo lo perfecta que una persona puede esperar? Amaba como el primer día a su compañero de siempre, sus hijos le llenaban la vida y su trabajo la completaba.
¿Qué lugar ocupaba ese hombre entonces?
El mínimo contacto que compartían les permitía conocerse mucho más de lo que creían. A la distancia, pero a la vez muy cerca...
Extraño destino de dos desconocidos, que sentían conocerse en profundidad, aunque tal vez sus caminos nunca llegaran a cruzarse realmente.